Aferrarse ciegamente a las enseñanzas no conduce a comprender el Dao
Aferrarse ciegamente a las enseñanzas no conduce a comprender el Dao
Zhuangzi, en el capítulo 外物 («Cosas externas»), recurre a una analogía sencilla, pero de extraordinaria densidad filosófica, que dice:
筌者所以在鱼,得鱼而忘筌;蹄者所以在兔,得兔而忘蹄。言者所以在意,得意而忘言。(quan zhe suo yi zai yu, de yu er wang quan; ti zhe suo yi zai tu, de tu er wang ti. yan zhe suo yi zai yi, de yi er wang yan.)
Este pasaje afirma: la red está destinada a los peces, la trampa a los conejos y las palabras al significado; una vez alcanzado el objetivo, hay que olvidar el instrumento. En esta analogía aparentemente sencilla se encuentra una de las ideas fundamentales del daoísmo temprano: la diferencia entre el medio y la realidad.
En un primer nivel, la analogía destaca la naturaleza instrumental del lenguaje y de los conceptos. La red no tiene valor por sí misma, sino únicamente como medio para capturar el pez; del mismo modo, la trampa y las palabras solo existen en función de algo distinto. Una vez alcanzado el objetivo, insistir en el medio resulta innecesario o incluso perturbador. La analogía advierte así: cuando atrape el pez, olvide la red; cuando atrape el conejo, olvide la trampa; cuando alcance el significado, olvide las palabras; cuando alcance la comprensión, olvide la enseñanza.
En un nivel más profundo, la analogía apunta a las limitaciones del lenguaje y del pensamiento conceptual. La premisa fundamental del pensamiento daoísta es que las palabras nunca pueden abarcar la plenitud del Dao (道), pues siempre son construcciones parciales, condicionadas y provisionales. El lenguaje señala el significado, pero no puede abarcarlo por completo. Por eso Zhuangzi advierte del peligro de confundir el instrumento con aquello que permite alcanzar: la red con el pez, las palabras con el significado, el concepto con la experiencia.
Esto revela una intuición central del daoísmo: la realidad no se agota en su descripción. Toda descripción supone ya un corte en el flujo de la vida, por lo que es esencial ser conscientes de sus limitaciones. El verdadero objetivo no consiste en acumular explicaciones indefinidamente, sino en entrar en sintonía directa con el curso natural de las cosas, lo que el daoísmo denomina wuwei (无为): la acción no forzada.
La analogía funciona también como una crítica a la rigidez del conocimiento. Cuando una persona se aferra a métodos, teorías, palabras o enseñanzas, pierde el contacto con el movimiento vivo del mundo. El capítulo 48 del Daode jing afirma: 为学日益,为道日损。损之又损,以至于无为。(wei xue ri yi, wei dao ri sun. sun zhi you sun, yi zhi yu wu wei.), que, en la versión eslovena de Maja Milčinski, dice: «Quien se entrega al saber gana día tras día / quien se entrega al Dao pierde día tras día. / Perdiendo sin cesar, alcanza / poco a poco la acción no intencionada». El conocimiento que en otro tiempo sirvió como red para capturar el «pez» puede convertirse en un obstáculo si no sabemos dejarlo de lado cuando ha cumplido su función.
Sin embargo, paradójicamente, la analogía de Zhuangzi expresa este mensaje precisamente mediante palabras. Con ello, Zhuangzi no niega el lenguaje, sino que muestra su función: es un instrumento necesario, pero insuficiente. Su cometido es señalar, no sustituir la experiencia. Por eso, al final, también el propio texto debe ser «olvidado», como la red cuando ya se tiene el pez en la mano.
En este sentido, la analogía no enseña a rechazar el conocimiento ni las enseñanzas, sino a ir más allá de ellos. Enseña a avanzar a través de las enseñanzas, no a depender de ellas. La verdad del Dao no está en la red, sino en la condición previa de la pesca.
rector Yuan Weiqi