Templo Daoísta Esloveno de la Armonía Suprema
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Publicaciones | 12 de septiembre de 2026

Una visita de vuelta 300 años después — de Xihuashan, en China, al mar Adriático

Song Dongchao pri oltarju

Una visita de vuelta, trescientos años después

—Del monte Xihua, en China, al mar Adriático

Una visita de vuelta, trescientos años después

—Del monte Xihua, en China, al mar Adriático

 

Texto [Song Chongdao (宋崇道)1

Song Chongdao

 

Resumen:

En 1739, Augustin Ferdinand von Hallerstein (nombre chino: Liu SongLing), un jesuita esloveno, llegó a Pekín y trabajó durante 35 años en la Junta Imperial de Astronomía de China, donde pasaría el resto de su vida, lejos de Eslovenia. Hoy, una plaza del centro de Liubliana le rinde homenaje con una réplica de una esfera armilar fabricada por el Planetario de Pekín como regalo de Estado de China a Eslovenia. Trescientos años después, el intercambio cultural fluye en sentido contrario, mientras el Dao de China llega al país natal de Hallerstein.

Escrito por el abad daoísta Song Chongdao, del Chongdao Gong, situado en el monte Xihua (Yichun, Jiangxi), este artículo retrata la vida monástica cotidiana del templo y relata los intercambios del autor con el maestro Jure Čeh (Yuan WeiQi), presidente de la Asociación Daoísta Eslovena, en el Palacio de la Armonía Suprema de la asociación, en Koper. En 2023, ambas partes firmaron un acuerdo de amistad en Maoshan en el marco del Programa Oriente-Occidente de la Federación Mundial del Daoísmo. Desde entonces, la cooperación ha continuado con visitas recíprocas, encuentros de música daoísta, conferencias sobre ética daoísta e inteligencia artificial, simposios científicos y proyectos conjuntos de investigación.

Este artículo no busca el proselitismo religioso. Plantea que el Dao no impone requisitos doctrinales ni exige cambiar de fe. En su lugar, invita a cambiar la perspectiva sobre la relación del ser humano con la naturaleza, consigo mismo y con los demás. La idea central es que el Dao trasciende las fronteras geográficas; una conexión humana auténtica puede acercar a las personas a través de grandes distancias. Cuando los corazones conectan, las personas se encuentran.



 

Introducción

En 1739, un hombre de Eslovenia (斯洛文尼亚), de 36 años, obtuvo permiso para entrar en Pekín (北京).

Se llamaba Augustin Ferdinand von Hallerstein, había nacido en Liubliana (卢布尔雅那) en 1703 y había ingresado en la Compañía de Jesús (耶稣会) a los 18 años. Después trabajó durante 35 años, hasta su muerte, en la Junta Imperial de Astronomía (钦天监) de China (中国). Durante 28 de esos años ocupó el cargo de director.

Los chinos le dieron un nombre: Liu SongLing (刘松龄).

Su trabajo consistía en observar los fenómenos celestes, realizar cálculos calendáricos y fabricar instrumentos. Fue director de la Junta Imperial de Astronomía desde 1746 hasta su muerte por enfermedad en Pekín, en 1774.

35 años. Nunca volvió a Liubliana.

En la Liubliana actual hay una plaza conmemorativa de la amistad entre China y Eslovenia (中斯友谊纪念广场), situada ante el Palacio Gruber (格鲁伯宫), sede de los Archivos de la República de Eslovenia (斯洛文尼亚共和国档案馆). En la plaza se alza una esfera armilar ecuatorial, una réplica a escala 1:1 fabricada por el Planetario de Pekín (北京天文馆) y entregada al pueblo esloveno como regalo de Estado. El original está en Pekín y se utilizaba para medir los cuerpos celestes, en particular sus coordenadas ecuatoriales. Desde su fundición en 1754, estuvo en uso durante más de 150 años, hasta principios del siglo XX.

Un instrumento astronómico chino se alza en la plaza de una ciudad eslovena. Eso, por sí solo, ya es una historia.

Visité aquella plaza en octubre de 2024.

Aquel día estaba nublado. De pie en la plaza, escuchamos a unos funcionarios del Ministerio de Cultura y Educación de Eslovenia (斯洛文尼亚文化教育部), que nos hablaron de Liu SongLing. Hablaban de él con mucha familiaridad, como si se tratara de uno de sus propios antepasados. Su lugar de nacimiento, el día en que llegó a Pekín, su cargo en la Junta Imperial de Astronomía. Detalles que los libros de historia chinos recogen brevemente y que ellos, en cambio, conocían con precisión.

La plaza no es grande. La rodean edificios de viviendas corrientes; alguien pasa empujando un cochecito de bebé y unos ancianos toman el sol en un banco. El instrumento de bronce se alza en el centro, apuntando en silencio al cielo.

Me preguntaba qué razones necesita un pueblo para recordar lo que una persona hizo trescientos años atrás.

Liu SongLing no combatió en ninguna guerra, no dejó obras que perduraran a lo largo de los siglos ni realizó grandes hazañas en su tierra natal. La mayor parte de lo que hizo en su vida sucedió a ocho mil kilómetros de distancia, al servicio de un país cuya lengua no aprendió hasta la edad adulta.

Sin embargo, su tierra natal lo recordó.

Mientras estaba allí, me vino una idea.

Trescientos años atrás, un joven esloveno dejó su tierra, recorrió ocho mil kilómetros hacia el este y llevó la astronomía y el cálculo calendárico occidentales a la Ciudad Prohibida (紫禁城). Trescientos años después, el «Dao» de China recorrió el camino en sentido contrario y llegó a la costa de su país natal.

Un hombre pasa media vida en una tierra extranjera y acaba enterrado allí. No tiene por qué buscar algo grandioso. Simplemente sigue aquello en lo que cree, hasta donde le lleve.

Entonces, ¿qué puede hacer que las personas atraviesen trescientos años y ocho mil kilómetros?

Quisiera intentar, en las páginas que siguen, responder a esta pregunta.

 

1. Quienes viven sobre las nubes

Vivo en una montaña al sur de la ciudad de Yichun (宜春), en Jiangxi (江西). No es muy alta y se llama «Xihua (囍华山)».

El bambú verde cubre toda la montaña. A sus pies crece el huangjing, al que los mayores llaman «el alimento sobrante de los inmortales»: dicen que es lo que dejaron en el mundo de los humanos después de comer.

A media ladera hay un manantial que no se seca en todo el año. Fue gracias a él como pudo construirse un templo en la montaña. Con el tiempo, aquel templo se convirtió en un complejo monástico daoísta. Sus pabellones siguen los modelos arquitectónicos de las dinastías Tang y Song y se escalonan uno sobre otro; desde la puerta de entrada hay que levantar la cabeza para contemplarlos.

Su nombre es «Chongdao Gong (崇道宫)».

Delante de la montaña suelen verse arcoíris. A menudo aparecen dos, uno junto al otro. A los chinos nos gustan los arcoíris porque simbolizan la alegría. Por eso, este templo tiene también otro nombre: «Centro de práctica de la Gran Felicidad de China (中国大囍道场)». Un lugar lleno de alegría, tranquilidad y fuerza.

Cada amanecer, un mar de nubes se extiende a nuestros pies. Todo el monte Xihua parece flotar sobre ellas. De pie en la entrada del templo, uno siente que cultiva la inmortalidad en el cielo.

Mi día suele empezar a las cuatro y media de la mañana. Primero se encienden las luces frente al pabellón. Los compañeros daoístas encargados de atenderlo se levantan para regar y barrer; yo salgo de mi cámara de alquimia y recorro los escalones de piedra. El tramo es corto: justo lo necesario para serenar un poco la mente.

La liturgia de la mañana comienza a las cinco. Cuando se alzan las voces que recitan las escrituras, aún no ha amanecido. De vez en cuando llega el ladrido de un perro desde el pueblo, al pie de la montaña, y enseguida vuelve el silencio.

Después de la liturgia, desayunamos. Gachas de arroz, verduras en salmuera y panecillos al vapor. A veces hay fideos de trigo y de arroz. Después, cada cual se ocupa de sus tareas. Yo regreso a mi cámara de alquimia para leer las escrituras, practicar la alquimia o estudiar.

Por la tarde suele haber té. En la montaña no lo cultivamos; lo traemos de fuera. Al beberlo, lo que importa es ese gesto de «sentarse».

Los días en la montaña tienen sus marcas, pero no están en el calendario.

Al empezar la primavera, desenterramos brotes de bambú; durante esos días, toda la comunidad sube a la montaña. Al llegar el verano, las lluvias abundan y hay que revisar las tejas y limpiar los canales de desagüe. En otoño subimos a recoger huangjing, lo dejamos secar al sol y reservamos una parte para volver a plantarlo. Recoger brotes silvestres de bambú y desenterrar huangjing son tareas habituales de quienes viven en la montaña.

En invierno los días son más cortos y oscurece pronto. Después de la liturgia de la tarde, nos sentamos un rato alrededor de la estufa y luego cada cual vuelve a su habitación para practicar la alquimia.

Este ritmo completa un ciclo cada año. Después de más de una década, acaba cultivando en uno un hábito: saber qué cosas no se pueden apresurar. Lo plantado no brotará tres días antes por mucha impaciencia que tengamos, ni la lluvia que ha de llegar caerá antes de tiempo. Poco a poco, las inquietudes más profundas se van suavizando.

He estudiado durante muchos años. Estudié gestión y psicología hasta el doctorado. El 31 de octubre de 2024, el Colegio Metropolitano de Skopie (斯科普里都市学院), en Macedonia del Norte (北马其顿), entidad colaboradora TNE de la Universidad Metropolitana de Londres (伦敦都市大学), también me concedió un «doctorado honoris causa en Filosofía, en liderazgo educativo». Ese mismo día, el Colegio Europeo (欧洲学院, Euro College) de Macedonia del Norte me nombró profesor honorario.

También me dediqué a los negocios en la vida secular, antes de retirarme a la montaña. A menudo me preguntan por qué.

Suelo responder así: «Después de mucho leer, uno descubre que hay preguntas que los libros no pueden responder. Por muchos conocimientos que tenga, hay otras cosas que no alcanza. Por ejemplo, ¿cómo convivir con uno mismo? ¿Cómo convivir con algo que no se puede cambiar? ¿Cómo seguir viviendo después de una pérdida

El pensamiento daoísta lleva más de cuatro mil años respondiendo a estas preguntas.

No quiero contar esto como una historia de «desprendimiento». Desprenderse es el resultado. La verdadera razón es muy sencilla: aquí encontré algo que me servía. ¡Es muy práctico!

Por ejemplo, el Daode jing 道德经 dice: «La bondad suprema es como el agua». Leí esos cuatro caracteres cuando era joven y me parecieron una frase hermosa. Solo después de vivir más de una década en la montaña empecé a descubrir en ellos otro sentido.

El agua fluye hacia abajo. No disputa los lugares elevados y, por tanto, no corre el riesgo de caer desde ellos. Si encuentra una piedra, la rodea; si encuentra una hondonada, la llena; si encuentra un precipicio, se convierte en cascada. No choca de frente con nada, pero, gota a gota, también puede perforar la piedra.

Esta manera de vivir parece blanda, pero en realidad es extraordinariamente resistente.

Las preguntas que afronta cada día quien cultiva el Dao son, en realidad, las mismas que afronta cualquier persona de hoy. ¿Cómo conservar la calma en medio del cambio? ¿Cómo dejar espacio en medio de la saturación? ¿Cómo vivir con certeza en medio de la incertidumbre?

El pensamiento daoísta nunca ofrece una respuesta. Ofrece una manera de mirar las cosas.

 

2. Lo que ocurre en el templo

El Chongdao Gong pertenece a la escuela Longmen de Quanzhen (全真龙门派).

Esta escuela daoísta pone el acento en el cultivo conjunto de la naturaleza interior y la vida, y en la práctica dentro de las actividades cotidianas. La práctica no está en las cuevas de las montañas remotas, sino en barrer, cocinar y tratar con los demás.

Por eso no voy a presentar la arquitectura del templo. Quiero hablar de lo que está ocurriendo aquí.

Las voces que recitan las escrituras a las cinco de la mañana marcan el comienzo del día. Los compañeros daoístas recitan el Zaowan gongke jing 早晚功课经, palabra por palabra, frase por frase, sin prisa ni lentitud. Al terminar la recitación, ya ha amanecido.

La mañana se dedica al trabajo. La vida cotidiana del templo se sostiene con el trabajo de los propios compañeros daoístas que viven aquí: cultivan las verduras, cocinan y barren el patio. El trabajo manual es, en sí mismo, parte de la práctica.

Por la tarde suelen llegar visitantes. Vienen personas de todo tipo.

Hay una anciana que vive al pie de la montaña y viene varias veces al mes. No viene a pedir nada, solo a pasear, sentarse y conversar. Dice que en casa hay demasiado silencio y se siente intranquila; en el templo se oyen voces y eso le da sosiego.

También vienen jóvenes de otros lugares. Traen problemas muy concretos: no pueden seguir con su trabajo; sus relaciones no van bien; no consiguen dormir por la noche Normalmente no respondo de inmediato: primero les invito a tomar una taza de té y a sentarse un rato. Al cabo de un cuarto de hora, a menudo los problemas se han hecho más pequeños por sí solos.

Con los años he ido comprendiendo que lo que un templo ofrece realmente a las personas es un lugar donde se les permite bajar el ritmo. La doctrina queda muy por detrás.

Lo que más le falta a la gente de hoy es permiso para «no tener prisa». En el templo, el tiempo sigue a la naturaleza y lleva un ritmo completamente distinto al del mundo exterior. Al entrar, primero se relaja el cuerpo y después la mente.

En mi templo también hacemos otras cosas. En Año Nuevo y en las festividades visitamos a los ancianos que viven solos al pie de la montaña; en invierno les llevamos ropa acolchada, arroz y aceite, y en verano dejamos una gran tinaja de té fresco delante del pabellón. Son gestos pequeños. Los hacemos porque «amar a todos por igual» está escrito en las escrituras y, si no se lleva a la práctica, no son más que cuatro caracteres.

En 2024, el templo emprendió una labor pausada: reunir y catalogar fragmentos de porcelana dispersos y restaurar, hoja por hoja, una colección de libros antiguos. Un templo que solo se ocupara del presente no estaría a la altura de los más de mil años que lleva en este lugar.

Durante más de mil años, este templo se ha derrumbado y vuelto a levantar, se ha construido y vuelto a derrumbar; ha sido reconstruido muchas veces, sin que su continuidad se haya interrumpido. Intenté encontrar una estela del lugar, pero, por desgracia, no había ninguna. Más tarde lo comprendí: en realidad, quienes sostienen la tradición suelen ser quienes no necesitan dejar su nombre.

El Chongdao Gong está vinculado al pueblo situado al pie de la montaña. Cuando los vecinos celebran un funeral, vienen a pedir a los compañeros daoístas que oficien los ritos; cuando hay una celebración, también vienen a elegir una fecha propicia. Durante las vacaciones de verano, los niños corren a jugar fuera de los pabellones. Les dejamos hacerlo, pero no les permitimos entrar: en el templo consideramos que aún son pequeños y que su visión del mundo, de la vida, de los valores y de la religión todavía no ha madurado.

Un templo sin relación con las personas que lo rodean no es más que un conjunto de edificios. Son esos vínculos los que lo convierten en un lugar.

A menudo se considera el templo como un museo. Yo no lo veo así.

Un museo expone cosas que ya han concluido. En el templo, todo sigue su curso. Las recitaciones, el té, las personas que van y vienen: todo vuelve a suceder cada día.

¡Está vivo!

Lo que está vivo puede crecer. Y lo que crece acaba encontrándose con otras vidas.

 

3. El vínculo entre la montaña y el mar

Septiembre de 2023. Maoshan (茅山), Jiangsu (江苏).

Allí se celebró el V Foro Internacional del Daoísmo (国际道教论坛), con el lema «Honrar el Dao y estimar la virtud · Avanzar junto al mundo». Más de 500 representantes y académicos de 39 países y regiones se reunieron en aquella célebre montaña daoísta.

En aquel foro ocurrió algo importante: se fundó la Federación Mundial del Daoísmo (世界道教联合会). Por primera vez, las organizaciones daoístas de distintos países contaban con una plataforma común.

También en Maoshan, el Chongdao Gong y la Asociación Daoísta Eslovena (斯洛文尼亚道教协会) firmaron un acuerdo de vinculación amistosa entre entidades, en el marco del «Programa de Cooperación Daoísta Oriente-Occidente (东西道教合作计划)» de la Federación Mundial del Daoísmo.

Aquella hoja de papel era fina. Cuando firmamos el acuerdo, no imaginaba lo que vendría después.

El rector de la Asociación Daoísta Eslovena es Yuan WeiQi (袁微琪), cuyo nombre esloveno es Jure Čeh. Desde nuestro primer encuentro me pareció una persona interesante. Es esloveno, pero ya se había hecho discípulo de un maestro, tenía un nombre daoísta chino y su templo se llamaba «Palacio de la Armonía Suprema (太和宫)», en Koper (科佩尔), una pequeña ciudad a orillas del mar Adriático (亚得里亚海).

Un esloveno, junto al Adriático, al cuidado de una casa decorada con elementos de la cultura china. Eso, por sí solo, merece una reflexión.

Más adelante, cuando ya nos conocíamos mejor, le pregunté cómo había llegado a ese camino.

Su respuesta fue muy sencilla. De joven había leído algunos libros de filosofía oriental y había sentido que se parecían mucho a lo que él pensaba en su interior. Después entró en contacto con las artes marciales chinas y fue a Wudangshan (武当山); allí empezó también a conocer el daoísmo y siguió ese camino hasta tener su propio lugar de práctica y compañeros que recorrían el Dao con él, entre ellos su esposa.

Aprendió chino de adulto y ahora puede leer las escrituras.

Solo he visto a Yuan WeiQi tocar el xiao. Fue en 2024, cuando visitamos su lugar de práctica en Eslovenia.

¡Me sorprendió mucho! No solo su capacidad para aprender, sino también su amor por la música daoísta.

Estaba sentado muy erguido, con una flauta dongxiao atravesada entre las manos y los ojos entornados. Al sonar la flauta, la sala quedó en silencio. Aquella melodía se llamaba Buxu yun 步虚韵 y tenía un sonido muy etéreo.

Un esloveno tocando una flauta china. Yo escuchaba a su lado y, además, sentía algo que no sabía expresar. De pronto empecé a sentir una confianza serena: esta tradición realmente podía salir de su tierra y vivir en otro suelo.

Ahora sigo ayudándole a hacer realidad otro sueño: preparar la creación del Centro Europeo de Música Daoísta (欧洲道教音乐中心). Él toca el xiao; lo que queremos hacer es dar a ese hilo de música del Dao un lugar estable donde asentarse en Europa (欧洲).

En marzo de 2024, el rector Yuan WeiQi me entregó el nombramiento como «consejero honorario» de la Asociación Daoísta Eslovena. La fecha estaba muy bien elegida: el decimoquinto día del segundo mes lunar, día en que se celebra el nacimiento sagrado del patriarca del Dao, Taishang Laojun (太上老君).

En octubre de ese mismo año, la Asociación Daoísta de la Provincia de Jiangxi (江西省道教协会) organizó una delegación para visitar Europa Oriental (东欧), invitada a asistir al «Día Internacional de la Cultura Daoísta (国际道学文化日)» de Eslovenia. El rector Li Shaohua (李绍华) y yo encabezamos la delegación.

Koper no es una ciudad grande. Sus calles son estrechas y sus colores muy naturales. El mar está a unos pasos y el viento trae un leve olor a sal. Fuimos en octubre. Al caminar de madrugada por las calles, parecía que se podía oír cómo las hojas caían al suelo. Al atardecer, el sol iluminaba el castillo de un dorado intenso que evocaba los cuentos de Andersen.

23 de octubre. Koper, plaza Prešeren (普利舍仁广场).

El Palacio de la Armonía Suprema de Eslovenia levantó un altar ritual y nos invitó a celebrar su consagración y a pedir bendiciones. Aquel día, el Palacio de la Armonía Suprema estaba lleno de gente. Cuando empezó a sonar la música daoísta, vi entre el público a personas mayores, jóvenes y académicos; también había quienes llevaban cámaras de vídeo y de fotos, con una atención que conmovía. La mayoría no entendía las escrituras, pero permanecieron de pie escuchando toda la ceremonia.

Al terminar el ritual, se acercó un académico de una universidad local. Sus palabras, traducidas, fueron estas: «No entiendo lo que recitan, pero, después de escucharlo, siento mucha calma.»

Algo se conmovió en mi interior.

No compartíamos lengua y él no conocía la doctrina, pero aquella calma era real. En ese momento confirmé algo: «El Dao puede atravesar las barreras del lenguaje».

Durante aquellos días ocurrieron otras cosas. Me invitaron a dar una conferencia en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Primorska (普里莫尔斯卡大学人文学院). Entre el público había docentes y estudiantes de filosofía y estudios religiosos. Hablé de la unidad entre el cielo y el ser humano, del lugar de las personas dentro de toda la cadena ecológica y de lo que significa para nuestra época «nutrir sin dominar».

Después de la conferencia, varios estudiantes se quedaron conversando durante largo rato. No les interesaban los rituales del daoísmo ni su misterio. Querían saber si podía ofrecer una manera algo distinta de pensar el mundo actual.

Creo que sí.

También me invitaron a presentar una ponencia temática en el Congreso Científico Internacional de Celje (采列). La mayoría de los asistentes eran científicos. Mi intervención llevaba por título «Ética daoísta e inteligencia artificial». La idea era sencilla: «La tecnología pregunta "¿se puede?"; la ética pregunta "¿se debe?". El daoísmo habla de "saber detenerse", de saber dónde parar. Esta antigua enseñanza encuentra hoy una nueva utilidad.»

El turno de preguntas fue muy animado. Hubo preguntas sobre ecología, sobre la alienación humana y sobre si la inteligencia artificial podría tener «corazón». Son preguntas que ya se hacían las personas de hace mucho tiempo y que seguimos haciéndonos hoy.

La última parada de aquel viaje fue la plaza de Liubliana donde se encuentra la esfera armilar ecuatorial. Una plaza que alberga la sabiduría de Liu SongLing y que conmemora también la amistad entre China y Eslovenia.

Trescientos años atrás, un joven esloveno había partido de allí y viajado hacia el este hasta Pekín. Trescientos años después, nosotros llegábamos desde la dirección de Pekín y estábamos allí.

El círculo se cerraba.

Permanecí mucho tiempo de pie en la plaza. La réplica de la esfera armilar ecuatorial se alzaba en el centro, con su color de bronce, apuntando al cielo.

Un esloveno había pasado media vida observando las estrellas en China. Un chino había impartido en Eslovenia una clase sobre el Dao. Trescientos años separaban aquellos dos hechos, y sus direcciones eran opuestas, pero yo sentía que eran una misma cosa.

Ambos eran intentos de comprender este mundo y el lugar del ser humano en él.

Y el intercambio siempre ha sido de ida y vuelta. Durante estos años, el rector Yuan WeiQi ha venido al Chongdao Gong con su esposa, Yuan Weiheng (袁微恒), cuyo nombre esloveno es Darija, y con Miha, compañero daoísta del Palacio de la Armonía Suprema, para participar en una formación internacional de perfeccionamiento en la práctica ritual gaogong. También ha enviado por grupos a los miembros del conjunto de música daoísta al monte Xihua. Yuan Ximing (袁希明), cuyo nombre esloveno es Maj, Alenka (阿伦卡) y otros se quedaron a vivir en la montaña para aprender a recitar las escrituras, los ritos daoístas y también la música daoísta. Así es como los sonidos del Dao salieron del templo y regresaron desde la costa.

Al mirar atrás, veo que aquel acuerdo de Maoshan no se quedó en el papel. En otoño de 2024 llevamos a Koper porcelana daoísta china y piezas de laca sin núcleo de Yuanzhou (袁州), junto con artesanía textil de fibras de líber de Yuanzhou y un grabado sobre tela de ramio (Chang'e ben yue 嫦娥奔月). En junio de 2025, el Chongdao Gong fundó además el Centro de Estudios Daoístas de la Academia Chongdao (Internacional) (崇道公学(国际)道教研究中心), y la Asociación Daoísta Eslovena envió a cuatro investigadores para trabajar con nosotros en la ordenación de los clásicos daoístas. Como integrantes del primer grupo de entidades vinculadas mediante el «Programa de Cooperación Daoísta Oriente-Occidente» de la Federación Mundial del Daoísmo, queremos que la palabra «amistad» se convierta, año tras año, en hechos visibles.

 

4. Por qué el Dao puede atravesar montañas y mares

A menudo mis amigos me preguntan: «El daoísmo es una religión china. ¿Cómo puede echar raíces en Europa, a miles de kilómetros de distancia?»

Mi respuesta es: «El Dao no pone barreras de entrada.»

No exige cambiar de fe. Invita a cambiar de perspectiva.

Muchas tradiciones espirituales del mundo exigen aceptar una serie de premisas antes de entrar en ellas. El daoísmo es distinto. El Daode jing comienza diciendo: «El Dao que puede expresarse no es el Dao constante». Empieza borrando sus propios límites: nada de lo que puede decirse es aquello a lo que se refiere.

Una enseñanza que empieza renunciando a la autoridad de definir es abierta por naturaleza.

Tampoco excluye a los demás. Una persona puede creer en el Dao y conservar al mismo tiempo su fe original y su forma de vida; también puede entrar en un templo daoísta, ofrecer incienso y después acudir a otro lugar. El daoísmo nunca se presenta como «el único». Las diferencias entre las cosas son naturales y no hace falta imponerles uniformidad.

Esto hace que resulte especialmente accesible en un entorno intercultural.

Entonces, ¿de qué habla exactamente el Dao? Si tuviera que explicarlo con las palabras más sencillas, lo dividiría en tres planos:

Primer plano: el ser humano y la naturaleza.

El daoísmo dice que «el Dao sigue lo que es por sí mismo» y habla de la «unidad entre el cielo y el ser humano». Estos cuatro caracteres se citan mucho últimamente y, de tanto repetirlos, su sentido se ha ido diluyendo.

Su significado original es muy sencillo. El ser humano forma parte de la naturaleza, no es su dueño. Puede hacer muchas cosas, pero no debe llevarlas todas hasta el límite.

En el Daode jing hay una frase: «Quien sabe detenerse no corre peligro». Solo sabiendo dónde parar se evita el peligro. Hoy podemos hacer cada vez más cosas, pero estamos dispuestos a detenernos cada vez menos. Si buscamos la raíz de los problemas ecológicos y climáticos, encontramos siempre esa negativa a parar.

Segundo plano: el ser humano y sí mismo.

El daoísmo habla de «claridad y quietud» y dice: «Mostrar la sencillez, abrazar lo genuino, reducir el egoísmo y moderar los deseos».

No se trata de llevar una vida de privaciones. Significa que, si los deseos superan siempre, aunque sea un poco, las necesidades, nunca se alcanza la paz.

He conocido a muchas personas que, cuanto más tienen, más desorden sienten por dentro. Vienen a la montaña sin pedir nada, salvo poder sentarse un rato en calma.

¿Qué problema práctico puede resolver sentarse un rato en la montaña? Ninguno. Pero, a menudo, cuando un problema se ve con claridad, deja de ser un problema. Cuando la mente se serena, las cosas siguen siendo las mismas; quien ha cambiado es la persona.

Tercer plano: el ser humano y los demás.

El daoísmo dice que «la bondad suprema es como el agua» y habla de «amar a todos por igual».

El agua beneficia a todos los seres sin competir. Lo nutre todo sin enfrentarse a nada. Se queda en los lugares que todos desprecian y, precisamente por ello, está más cerca del Dao.

Este sentido es especialmente importante en el mundo actual, tan lleno de antagonismos.

La «Declaración de Maoshan» (茅山宣言), publicada al clausurarse el foro de Maoshan de 2023, incluía esta propuesta: respetar la diversidad de las civilizaciones del mundo, oponerse al conflicto y la confrontación y promover la cooperación en beneficio de todos. Aquel día había representantes de 39 países y regiones. El hecho de que todos firmaran un mismo documento ya decía algo por sí solo.

El rector de la Asociación Daoísta de Estados Unidos (美国道教协会), Bernard Shannon (至厚), defiende que el gran Dao no tiene fronteras y que los seguidores daoístas de todo el mundo comparten un mismo Dao. Estoy muy de acuerdo.

Esta idea no es una mera cortesía. Aquello a lo que apunta el Dao no pertenece a un pueblo concreto, del mismo modo que el agua no pertenece a ningún río ni el fuego a ningún trozo de madera.

Después de hablar de estos tres planos, quisiera añadir algo.

¿Qué puede ofrecer el Dao que otras tradiciones no ofrezcan con tanta facilidad? Tras darle muchas vueltas, lo resumiría en una palabra: «margen».

El daoísmo nunca pretende decirlo todo de manera definitiva. Dice: «El Dao que puede expresarse no es el Dao constante»; «Quien sabe no habla»; «La gran plenitud parece incompleta». Deja un espacio vacío en todas las cosas. Ese espacio que queda libre es el margen.

La gente de hoy vive bajo presión. Las agendas están llenas, las relaciones tensas, las opiniones enfrentadas, y nadie quiere ceder ni un centímetro. Ese pequeño margen del que habla el daoísmo es precisamente lo que más falta hace en nuestra época.

Lo que encuentra un esloveno al leer el Daode jing a orillas del Adriático es lo mismo que encuentro yo al leerlo en el monte Xihua, en Yichun, China.

Por eso el Dao puede atravesar montañas y mares.

 

Conclusión: la armonía como destino

Volvamos a 1739.

Aquel esloveno de 36 años partió de Liubliana y atravesó la mitad de Eurasia (欧亚大陆) hasta llegar a Pekín. Probablemente no imaginaba que pasaría allí la segunda mitad de su vida, ni que algún día una réplica de la nueva esfera armilar ecuatorial, construida en la lejana China según su diseño y bajo su dirección, se alzaría en su tierra natal como monumento a su memoria.

Simplemente siguió aquello en lo que creía.

Trescientos años después, salí de las montañas de Yichun, recorrí en avión la misma distancia y llegué a la costa de su país natal. Viajamos en direcciones opuestas y recorrimos la misma distancia.

A menudo me pregunto qué relación hay entre esos dos viajes.

Después de pensarlo mucho, la respuesta resulta sencilla: todos queremos ver qué forma adopta en otros lugares aquello en lo que creemos.

Liu SongLing (Augustin Ferdinand von Hallerstein) llevó la astronomía occidental a China porque quería mostrar a los chinos el cielo tal como él lo comprendía. Nosotros llevamos el Dao a Eslovenia porque queríamos mostrar a sus habitantes el mundo tal como nosotros lo comprendemos. Solo cuando hay ida y vuelta se puede hablar de intercambio. Dar en una sola dirección es exportar.

Prefiero otra palabra: compartir.

Compartir significa poner sobre la mesa lo que considero bueno: quien quiera probarlo puede hacerlo, y quien no quiera no tiene por qué hacerlo. No presupone que al otro le falte algo ni exige nada a cambio.

Al final, el intercambio llega al corazón de las personas. Puede que no compartamos una lengua y que los rituales resulten extraños, pero lo que llevamos dentro es lo mismo: el deseo de vivir en paz, de ser comprendidos y de tener algo en lo que apoyarnos en un mundo cambiante.

Cuando los corazones conectan, todo lo demás resulta más fácil.

Hay una frase del Daode jing que suelo citar: «Ocuparse de los asuntos sin forzar y enseñar sin palabras.» Estas dos proposiciones hablan, en realidad, de percibir la sinceridad. Actuar sin imponer, enseñar sin depender de las palabras y mostrar un corazón sincero: los demás lo perciben de manera natural.

En el clásico chino Zhongyong 中庸 hay otra frase: «El Dao no está lejos del ser humano.»

El Dao nunca aparta a las personas. Somos nosotros quienes nos alejamos.

Está en lo más cotidiano. En una taza de té, en una comida, en el gesto de regar y barrer, en el instante en que alguien está dispuesto a detenerse por otra persona.

Solo tenemos que serenarnos y descubrir que siempre ha estado ahí.

Cuando firmé aquel acuerdo en Maoshan, en septiembre de 2023, no imaginaba que después vendrían el viento de Koper, la música daoísta en la plaza Prešeren, aquella comprensión de «la unidad entre el cielo y el ser humano» en Primorska y el debate del Congreso Científico Internacional de Celje sobre ética daoísta e inteligencia artificial.

Ahora, al mirar atrás, veo que aquel acuerdo no era más que una puerta. Detrás había un camino, y en ese camino habría muchas personas.

Me alegro mucho de haber salido. Y también de que, al otro extremo del camino, alguien estuviera avanzando hacia aquí.

Del monte Xihua al mar Adriático, ocho mil kilómetros.

Trescientos años, dos direcciones, un solo camino.

 

Notas al pie de página

  • 1Biografía del autor: Song Chongdao (宋崇道) (1974–): vicepresidente de la Asociación Daoísta de Jiangxi (江西省道教协会) y presidente de la Asociación Daoísta de Yichun (宜春市道教协会); doctor en gestión y psicología y doctor honoris causa en liderazgo educativo por el Colegio Metropolitano de Skopie (斯科普里都市学院), en Macedonia del Norte (北马其顿), socio TNE de la Universidad Metropolitana de Londres (伦敦都市大学). Actualmente es miembro de la comisión de supervisión de «中华续道藏», proyecto cultural prioritario del XIII Plan Quinquenal nacional; redactor jefe de la publicación académica «中华老学» y redactor jefe ejecutivo de «江西道教»; miembro de la junta directiva de la Sociedad China de Estudios Religiosos (中国宗教学会); responsable de la ejecución del proyecto «Plan de cooperación daoísta entre Oriente y Occidente» (东西道教合作计划) de la Federación Mundial del Daoísmo (世界道教联合会); director e investigador del Centro de Estudios Daoístas del Colegio Chongdao (Internacional) (崇道公学(国际)道教研究中心); profesor honorario del Euro College (欧洲学院), en Macedonia del Norte; profesor invitado del Instituto de Estudios Religiosos de la Universidad Normal de Jiangxi (江西师范大学宗教研究所), e investigador a tiempo parcial del Centro de Estudios de Cultura Religiosa de la Universidad de Yichun (宜春学院宗教文化研究中心). Entre sus monografías publicadas figuran «道非常道——道家思想之于公司文化创新范式研究» y «囍山崇道·学修十年——宜春市崇道宫心丹丛书» («道爱中国心», «与道有袁», «囍山映道华», «以老学之名» y «云上煮茶»). Ha dirigido la edición de «袁州文化旅游丛书» («游袁汇», «袁州乡俗» y «画说袁州»), entre otras obras, y ha publicado diversos artículos académicos en revistas nacionales e internacionales como «中国宗教», «中国道教», «中华老学» y «Edinost in Dialog». Contacto: itccpa@163.com.